LA VIDA SECRETA DE UNA ESCORT DE LUJO

Posted under ARTICULOS DE ESCORTS LUJO, ESCORTS DE LUJO, ESCORTS LUJO por admin on Domingo 24 Mayo 2009
ESCORTS DE LUJO

ESCORTS DE LUJO

La vida secreta de una escort de Lujo

Habla cinco idiomas. Trata con deportistas de élite, ejecutivos, famosos… Se embolsa entre 5.000 y 9.000 euros al mes. En una jornada puede ganar más que cualquier sufrido mileurista. Pero no es una agente de Bolsa. Ni una empresaria de éxito. Se prostituye. Elige cuidadosamente clientes de altísimo nivel. Gracias a sus encantos, vive a todo tren y manda dinero a su mamá. Dejó Moldavia, su país natal, y Rumanía, donde la explotaron, para echar raíces en Barcelona. Magazine convive 24 horas con Cristina M., que ejerce el oficio más viejo del mundo en versión glamour. «Mi hijo tendrá una madre que ya no será escort de lujo», anhela.

A Cristina M. le gusta el mar y sobre todo, la playa, la calidez de la arena en verano. En su pequeño pueblo natal, en la fría Europa central, no hay mar, ni playa, ni tampoco hubo una infancia más o menos feliz en aquella olvidada aldea de Moldavia, vieja república soviética. Hay que olvidar aquel sitio, aunque natal, en el que has sido vendida como mercancía con fecha de caducidad, como bien material de fabricación en cadena y sin haber cumplido todavía los 17 años.
«No creo en Dios, pero sí en mi madre y en mi fuerza para seguir luchando». Cristina M., 25 años, confía en ella. «Es lo único que no me ha fallado desde la primavera de 1999, cuando me llevaron a Rumanía», añade con un ligero gesto de irreverencia hacia su pasado y con una voz de tono grave y a la vez dulce. Su castellano es fluido y el acento casi imperceptible, aunque lo suficiente para darle un pincelada atractiva, tal vez exótica. Cuida su vocabulario. Es lo que se espera de ella: sofisticación, educación, corrección, cierto protocolo…
La tarde mediterránea avanza y la luz cálida provoca brillos glamurosos en sus gafas y en el cinturón, ambos de Christian Dior. Las gafas de sol adornan una melena rubia cuidada y ocultan unos ojos, entre verdes y pardos, de mirada felina. Su estilizada y frágil figura queda perfectamente perfilada por unos pantalones de Dolce & Gabbana y una camiseta de Cavalli. Se cambia el cigarrillo (de la marca Karelia) de mano y toma el vaso de agua con gas de Voss, a cinco euros el minúsculo botellín. «No es que me gusten las marcas, es que me gusta lo bueno, la calidad», señala mientras se coloca las gafas sobre la cabeza.
Sin adolescencia. Cristina M. sabe estar, por eso calza unas sandalias que dejan al descubierto su pequeño pie. Los tacones, para otro momento. A pesar de la sencillez de su indumentaria de hoy, la gente la mira, hombres y mujeres… pero sobre todo hombres. A pocos metros, un grupo de adolescentes juega al voleibol sobre la arena: «Me encantaría saber jugar y poder hacerlo con mis amigos». No había playa en su natal Gotesti. Ni playa ni adolescencia en la que jugar a vóley. De todas formas, aún hoy le costaría formar un equipo. «El problema es que no sé si tengo tantos amigos con los que jugar sobre la arena», añade entre sonrisas lacónicas.
Da un giro brusco a la conversación y se queja de que esta mañana no ha venido la esteticien a domicilio para arreglarle las uñas. De repente, empieza a hablar de su vida. Tras Rumanía, donde mantuvo una relación sentimental con un chico durante 10 meses, viajó a Belgrado (Serbia) y estuvo medio año trabajando para liberar las tensiones de unos militares rusos que la trataban con respeto. Fue una época de relativa suavidad en la que intentaba escatimar lo que podía a su «madame». En este punto añade una frase lapidaria: «Pero yo sabía que la vida y mi cuerpo podían dar más de sí». Por eso cuando le propusieron viajar a la Europa dorada, a Barcelona, dijo sí. En la cosmopolita ciudad condal trabajó durante un tiempo bajo el auspicio de un proxeneta, que se llevaba el 40% de las ganancias que obtenía en el club donde trabajaba. A pesar de ello, Cristina M. afirma: «Siempre le agradeceré a aquel tipo el trato respetuoso y el que me enseñara a moverme, a vestir, a saber estar, a valorarme como debía, a respetarme».
Tal vez ella no lo sepa, pero puede que aquella niña provinciana sin pulir, no necesitara que nadie le enseñara nada. Tan sólo era preciso que alguien le dijera que podía hacerlo.
Enciende otro pitillo y cuenta, mirándome a los ojos, que «hace unos seis meses que corté una relación sentimental que tenía con un taxista». Desliza un sentimiento de nostalgia: era una relación sincera y hasta la familia de él sabía cuál era su profesión. Él propuso que cambiara de vida, pero «ser mileurista en este país es difícil cuando estas acostumbrada a un determinado tren de vida». Imagino un estilo de vida en el que las alfombras son de pétalos de rosa y los anillos de diamantes… y la digna profesión de taxista seguramente no dé para tanto.
Tener una vida normal es un sueño que a veces le parece inalcanzable, y el amor es algo que todavía le resta por descubrir. Además, «sin los varios miles de euros que gano cada mes, entre cinco y nueve mil, cómo iba a enviar dinero a mi madre, cómo le hubiera comprado la casa en la que vive y cómo le iba a estar costeando la reforma». Para ello, realiza entre seis y 12 servicios al mes. Los ofrece de dos horas y también de fin de semana. Su madre sólo tiene 43 años y queda mucho dinero por enviarle. Claro que siempre queda trabajar a destajo para abandonar este gremio, pasar por él de puntillas. Cristina es selectiva. Cuando una noche suena su teléfono a las tres de la madrugada, simplemente no contesta. «Si un cliente no me gusta, simplemente digo no; cuando un día estoy cansada o prefiero salir con mis amigos, pues digo que no, y listos» asegura resuelta. Dice «no» cuando hay que decirlo. No todo es dinero, aunque sea importante. Parece que en el punto medio, en el equilibrio, reside la clave.
Golpea su teléfono móvil de 400 euros por que ha dejado de funcionar y espera una llamada de su profesor de baile. Le apasiona bailar y «los ritmos latinos». Leer es otra cosa y los libros, en sus delicadas manos, pesan demasiado. La llamada que no llega y otro cigarrillo que arde entre sus dedos: «No es bueno fumar, pero cuando vives la noche tan a menudo es difícil evitar según qué cosas», aclara entre calada y calada. Lo que está claro es que más allá del tabaco y de alguna copa no hay que ir. Cristina M. nunca se ha drogado.
Las cosas por su nombre; el sexo, principalmente por dinero; el pasado ya pasó; la vida es la libertad y en su caso, además, su madre; las razas y el color de la piel, para las enciclopedias; la avaricia es el fin de casi todo, y la sinceridad, el principio; la superación y el esfuerzo, por encima de la amistad y el amor; por último, enterrar la hipocresía. Remata su reflexión con otra de esas frases suyas tan solemnes: «Puedo dar placer e incluso cariño, pero casi siempre cobrando».
Domina más o menos bien cinco idiomas, pero cambia rápidamente de tema, prefiere hablar de la perrita de su amiga Menchu y del lorito que se le murió hace poco. Esto dice mucho de su ternura, al menos aparente. Me habla de su amiga, de la mejor, que acaba de tener un bebé. Para ellos su amor; para los deportistas de élite, políticos y empresarios, su cuerpo. Uno de aquellos clientes fue verdaderamente entrañable: «Un burgués catalán que me regalaba joyas carísimas, incluso diamantes, y al que le hacía sobre todo de confesora… como descarga emocional, ya me entiendes». Hablaban mucho aquel buen hombre y ella. Un día, unas malas compañías le arrebataron un par de joyas regaladas por él, «¡valoradas en más de 10.000 euros!», concluye exasperada.
De su bolsillo se paga cursos de baile, clases de informática, sus progresos en idiomas, la peluquería, el vestuario, las numerosas salidas, y los caprichos de alto nivel. Con una mueca en la boca añade: «Algunos clientes se ofrecen a hacer regalos caros, ropas, bolsos, pero yo prefiero metálico, que no deja rastro».
Enciende otro cigarro al estilo Hollywood. Se relaja y me cuenta que nunca ha pasado por un cliente violento o peligroso:. Hay otras chicas que sí los han sufrido y es muy desagradable. La ventaja de ir con señores que se juegan mucho si sus distracciones morales se desvelan es que suelen ser respetuosos. Miedo al sida, a las vejaciones… «Sí, pero siempre extremo las precauciones. Por supuesto que me gustaría cotizar en la Seguridad Social, pero es algo que todavía veo lejano», estima.
Una vida normal. Volvemos a la familia. Hay dos hermanastros por parte de padre de los que no sabe mucho. Como tampoco sabe demasiado de su progenitor. Por lo visto, el tipo dejó embarazada a su madre y, sin casarse, puso distancia de por medio. Nunca más se supo. Con un suspiro agrega: «A veces esto de la familia es una cuenta pendiente que tengo, una carencia…». Por eso se ha puesto un límite y sabe que algún día dejará todo esto y tomará un nuevo camino. Demasiada presión, choque de conciencias, escrúpulos, moral, ética. «Querría tener un bebé, una familia estructurada…, pero de forma sincera. Hay compañeras de profesión que tienen hijos, pero que les hacen vivir un mundo diferente: ausencias continuas, canguros cada día, hombres que vienen y van… Mi hijo tendrá una madre que ya no será escort de lujo».
Pero llevar una vida normal es relativo. Ana, la amiga de Cristina, prefiere no mostrar su rostro. Hace ocho años que dejó el frío clima de Siberia, la lejana ciudad de Vladivostok. En el camino a Barcelona se perdió por Corea, China, Grecia y Moscú. Mientras degusta un plato de ensaladilla rusa y explica: «A los 16 años ya trabajaba como modelo en Rusia, pero no tuve suerte». Sus ojos azul turquesa, sus cabellos dorados y su esbeltez no fueron suficientes para alcanzar el éxito. La dureza de su pasado la han hecho descreída y perspicaz a la vez. No cree en Dios ni en el amor. Le encanta el sexo y es temperamental, por eso si el cliente no le gusta, lo rechaza sin más. ¿Cómo decís en España…? En frasco pequeño fina confitura… y no cualquiera va a poder probarla»… Y eso que Ana K. mide 180 centímetros de estatura.
Tanto una como la otra son conscientes de lo que hacen con su cuerpo. Ambas manejan a los hombres con soltura, son diosas del amor. A cada paso que dan, en cada lugar al que llegan, sobre sus anatomías –y sus acompañantes– se clavan miradas de deseo y envidiam. Con su nimio acento del Este, Ana culmina: «Somos personas libres, independientes, escorts de lujo… yo lo que quiero es dignificar esta profesión. Somos tanto como el que más».

DIARIO DE UNA ESCORT DE LUJO

Posted under ARTICULOS DE ESCORTS LUJO, ESCORTS DE LUJO, ESCORTS LUJO por admin on Domingo 24 Mayo 2009

 

 

ESCORTS DE LUJO

Bodydulce…

El diario de una escort de lujo

 

Aunque había oído hablar de las escorts de alto standing, me muevo lejos de los ambientes de lujo y nunca había tenido la oportunidad de conocer a alguien que ejerciera dicha profesión. Pero gracias a este reportaje he conocido a Bodydulce, una chica educada, culta y muy guapa, que me ha abierto las puertas de su mundo para hablar de fortunas, servicios y sentimientos.

Meretriz, escort de lujo, cortesana, dama de la noche… son algunos de los calificativos más light para designar la profesión más antigua del mundo. Pero hablando con bodydulce, su nombre de batalla, nadie se podría imaginar que se dedica a alquilar su cuerpo para satisfacer los instintos sexuales del género masculino…, eso sí, de alto standing.Bodydulce es una chica de 23 años, que habla dos idiomas y conoce varios países por su antigua profesión de modelo, “aunque no he tenido mucho tiempo para conocerlos en profundidad”, se lamenta. Se embolsa una cifra inimaginable para todos los ‘mileuristas’ (que son muchos) de nuestro país. Por su cama han pasado deportistas, ejecutivos, famosos y algún torero (¡qué morbo!), pero sobre todo gente anónima… y con ‘parné’. Clientes de altísimo nivel a los que en ocasiones se permite el lujo de decir ¡NO! Prostitución con glamour.

Su máxima es la discreción. Se trata de ser y no parecer. “En el mundo en el que yo me muevo no hay una presencia estándar. Si mi cliente no manifiesta ninguna preferencia en la cita telefónica, voy vestida y arreglada con discreción. No me suelo maquillar apenas y mi ropa no llama la atención. Me pongo como me gusta verme”. Generalizando, se suele decir que a las escorts de lujo se las ve venir, “no es mi caso, pero entiendo que la gente se forme una imagen idealizada por lo que ve en la calle o en las películas”.

 

 

Una decisión tomada con total libertad
Bodydulce llegó a esto como suelen suceder las cosas, por casualidad. “Tenía una amiga de la Universidad que era amante de un señor casado y que le ayudaba económicamente. Ella disfrutaba con aquel hombre y pensé que yo podría hacer algo parecido, pero en plan profesional. Me gusta mucho el sexo y tengo un físico que me permite tener clientes de alto poder económico. Lo probé y decidí libremente que esa sería mi profesión, mientras mi cuerpo siga atrayendo a los hombres”.

Gracias a sus encantos bodydulce gana mucho dinero, pero gasta lo justo parta vivir bien. “No vivo con lujos. Cuido mi vestuario como muchas chicas de mi edad. No es necesario llevar modelos de alta costura para ir guapa, eso es un error. Apenas gasto en cosméticos o ropa. No tengo coche y vivo en un piso ‘normalito’. Todo por dos motivos, no debo aparentar lo que soy y necesito ahorrar para cuando no sirva para esta profesión y a este nivel”. Nada de despilfarrar el dinero… “no me gustan los esnobismos. Disfruto de los placeres más simples”.

¿Y por qué bodydulce? “Es una historia un poco enrevesada. Mi padre me llamaba cariñosamente ‘dulce’ y los amigos me decían ‘cuerpo’ cuando me veían desfilar. Y ‘cuerpo’ derivó en ‘body’ como apodo. Resumiendo, me quedé con una mezcla: ‘bodydulce’”.

Muchos son los tipos ricos que contratan a estas mujeres para conseguir sexo discreto y compañía de lujo. Lo que significa que no hace falta acostarse con muchos hombres al día para conseguir un buen sueldo. “Con dos o tres clientes a la semana me sobra”. Más si se va por libre y los beneficios son para una sola. “Trabajo por mi cuenta. En la prostitución de lujo (escorts de lujo) se puede trabajar de dos formas, o bien con agencia/representante, o bien por libre, es decir, vas llenando tu agenda con el antiguo método del ‘boca-oreja’. A mí me funciona bien así”.

 

Una Geisha a la europea
Ésta es mi visión de la prostitución de lujo (escorts de lujo). Una escort de lujo, discreta y culturalmente preparada que mantiene sexo con señores de alta posición. Pero a bodydulce no le gusta nada mi símil. “No, no tiene nada que ver. Una geisha no es una escort de lujo, es un error muy habitual entre los occidentales pensar eso. Las geishas se entrenan toda la vida para servir a los hombres en todo menos en el sexo. Lo que pasa es que las que son prostitutas de verdad usan el reclamo de la estética geisha para atraer a los clientes extranjeros”. Yo siempre pensé que a las geishas se las preparaba también en el arte de las prácticas amatorias… “En cualquier caso -continúa explicándome bodyducle-, es cierto que una prostituta de lujo debe ser correcta en las formas aunque sin exageraciones. Creo que la naturalidad también es una virtud. No obstante, también es a gusto del cliente. Si quieren que sea una dama de compañía para un evento importante, me sofistico lo que haga falta”.

Su estreno como escort de lujo no le desveló ninguna sorpresa desagradable, si no más bien todo lo contrario. Vamos que fue mucho mejor de lo que cualquiera pudiéramos pensar. “Se trataba de un hombre casado llamado Mario, de unos cuarenta años y con esposa inapetente. Nos habíamos conocido hacia unas horas y la relación sexual sólo tuvo una diferencia con respecto al sexo que había tenido con otros hombres: el dinero de por medio. Lo demás fue muy satisfactorio para ambos. De hecho, aún sigue siendo cliente mío, desde entonces”, añade con una seguridad tan pasmosa que incluso se me plantea la duda de si será un trabajo tan sacrificado como pensaba.

Hablamos de parejas y relaciones sentimentales, porque ¿será difícil confesar a tu novio que te acuestas con otros hombres por dinero? “Todavía no he tenido que pasar por ese trance. Desde que ejerzo la prostitución no he tenido pareja estable. No quiero tenerla, de momento, pero si se diera el caso, debería saberlo de antemano y estar de acuerdo”. Difícil asunto. Y la familia, ¿sabe algo de esta historia? “No tengo familia cercana, mi madre murió al poco de nacer y mi padre falleció cuando era una adolescente en accidente de tráfico. Soy hija única y no tengo mucha relación con mis familiares lejanos, así que no saben nada de mi profesión. Realmente, muy poca gente (además de los clientes) sabe del tema”.

bodydulce pasa volando a miles de kilómetros, intentando desdramatizar una historia que, desde fuera, resulta realmente trágica. “Yo estuve trabajando de modelo de pasarela desde que era casi una niña hasta los veinte. Por lo demás, vivía como la mayoría de las jóvenes, estudiando y divirtiéndome”.

 

Sexo por dinero… hasta que el cuerpo aguante
Al pan, pan y al vino, vino. En esta profesión el sexo es dinero. Sin hipocresía. El placer… cobrando de antemano. Pero a la hora de poner cifras sobre la mesa, bodydulce se muestra esquiva. “Cobro mucho. No se trata de servicios de prostitución corrientes. No se paga por horas o por un servicio concreto. El cliente suele pasar la noche (o el día) conmigo. Y son señores que no tienen preocupaciones económicas”.

Eso sí, siempre protegida, que luego llegan los disgustos. “Siempre. Sin excepciones”. Así de tajante es bodydulce con el tema de los condones. “Las enfermedades de transmisión sexual es algo que se debe tomar muy en serio, tanto la escort de lujo como el cliente. No se debe tentar a la suerte por un momento de apuro económico o por la insistencia del cliente”.

Bodydulce insiste en el tema de que su estilo de vida lo ha elegido con total libertad. Nada de prostitución forzada, mafias o necesidad extrema. Entonces se nos viene a la cabeza esa lucha de las feministas para erradicar la prostitución por considerarla un trabajo denigrante para la mujer, que resta a las mujeres la libertad por la que han estado luchando toda la vida. “Bueno, no creo que sea una opinión exclusiva de las feministas, ni siquiera que todas las feministas opinen lo mismo. Respeto cualquier opinión siempre que sea razonada, ni visceral ni con prejuicios”. Obviamente, bodydulce no está de acuerdo con aquellas personas que generalizan de esta forma sobre la prostitución. “Hay muchas prostitutas que son explotadas sexualmente, que no son libres para elegir su profesión. Otras son esclavas de una adicción o de una necesidad económica y no ven otra salida”. No es su caso… “Creo que no se debe lapidar a una prostituta por el hecho de serlo. Hay que ayudar a la que necesita otra salida y respetar a la mujer que lo elige con libertad. Lo mismo se puede decir de los hombres que eligen la prostitución como profesión”. ¿Y a los explotadores? “A la cárcel”, responde con rotundidad. “Añadiría también que no sólo en esta profesión se puede sentir denigrada una mujer u hombre, en otras muchas profesiones se explota y humilla a los trabajadores”.

 

Libertad para decir NO
Cambiamos de tercio… Se dice que la fauna que peregrina por la noche es variada, variopinta y, en ocasiones, nada aconsejable. No sé si se tornará complicado evitar según qué cosas… “Yo pongo las normas para los encuentros sexuales y las drogas no quiero ni verlas. Las perversiones las acepto cuando son de baja intensidad, como un juego sexual más”. Es selectiva y si un cliente no le gusta o no le convence lo que le propone, simplemente dice NO. “Por supuesto. Es la norma número 1”, asegura resuelta.

Bodydulce ha abierto un blog donde cuenta todas las anécdotas, que son muchas, en estos años de profesión. “Lo más raro puede que sea aquella familia que solicitó mis servicios para comprobar la tendencia sexual de su hijo adolescente. Me sentí más psicóloga que escort de lujo. Al final resultó que no tenía nada que ver con tendencias indecisas y sí con un problema físico. Fue el único día que no quise cobrar por mi trabajo”.

Las posibilidades en la cama son infinitas… “En general, los hombres piden muchas cosas, sobre todo cuando repiten y empiezan a coger confianza. Pero pocas veces se sale de lo normal, si tenemos en cuenta que el sexo es imaginación”. ¿Seguro que solicitan servicios que en casa no tienen?, la pregunto. “Casi todos demandan en algún momento prácticas sexuales distintas a la penetración vaginal. El sexo anal y la felación son las preferidas”.

Se queda pensativa y me cuenta que una vez tuvo un cliente con agorafobia extrema (miedo a los espacios despejados). “Su mujer fue la que me llamó para solicitar mis servicios, ante mi sorpresa. Acudí a su domicilio del que hacía muchos años no podía salir, era su cárcel. Me dio pena aquel hombre por lo extraño de su enfermedad y por su soledad”. Soledad, quizás esa sea la palabra clave de muchos hombres que acuden a una profesional del sexo. Porque se cumple el tópico ese de que muchos quieren sólo hablar… “Sí, es cierto, a muchos hombres les encanta que les escuche. Me cuentan sus problemas y es necesario que me vean atenta en la escucha. Eso les hace sentirse más seguros de sí mismos”. Algo triste, ¿no? “Yo no lo veo como algo triste. Tal vez no tienen a nadie que les escuche sin prisas. Eso sí, antes o después de los largos monólogos habrá sexo. Al menos en mi experiencia”.

Bodydulce ha tenido la suerte de no haberse topado nunca con un cliente violento o peligroso, “en los círculos que me muevo no suele pasar, pero siempre hay que estar prevenida”. Esa es la ventaja de ir con señores que se juegan mucho si dan la nota en uno u otro sentido: familia, estatus social y laboral… Mujeres como las de la Casa de Campo en Madrid o en Las Ramblas en Barcelona, por poner sólo algunos ejemplos, no corren la misma suerte. Es la diferencia entre vivir de la prostitución de lujo o sobrevivir de la prostitución de la calle.

La solución, entonces, ¿pasa por la Legalización? “Sí, por supuesto. Eso significaría control y normas. Y el control nos evitaría la esclavitud y los explotadores, nos permitiría cotizar como cualquier otro trabajador y todo sería más transparente. Negar el derecho a ejercer la prostitución es ponerse una venda en los ojos. La prostitución se seguirá ejerciendo sea legal o no, seamos claros”.

Bodydulce se ha puesto un límite a su carera “seguro que en unos años mi trabajo tendrá que cambiar, al tiempo que cambia mi cuerpo. Estoy preparándome para ello”.

« Página anteriorPágina siguiente »
Beauty | Design: NET-TEC of Branchenbuch. Coding: Kaminofen of Stromerzeuger.